
En el amanecer te desvaneces.
Sólo queda tu sombra entre mis manos,
una presencia de aire, anhelo y sueño,
rocío que disipa su incendio consumido.
Con desesperación busco tu cuerpo,
el fugaz testimonio,
de ese deleite,
de toda tu fragancia derramada,
cautiva todavía por mi piel.
Relumbras por mis médulas como un latido unánime,
como una ciega música que habitara en mi oído,
con su calor,
su vibración de fondo,
su presencia invisible en el silencio.
Cruzo de la pasión a la demencia,
persiguiendo el mismo espectro,
el espejismo de una imagen,
que asciende por la escala nocturna,
llevándote desnuda entre sus brazos.
Jorge Justo Padron (Autor)